2018

Sociedades libres (SL)

Un portal sobre el proceso secesionista seguido en Cataluña por sus dirigentes políticos

Traducción al alemán, catalán e inglés

Página inicial

El proceso separatista de Cataluña
La enseñanza y el adoctrinamiento
Medios de comunicación y adoctrinamiento
La manipulación de la historia y el separatismo
Soluciones a los problemas generados por separatismo
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Separatismo y manipulación social
Antonio Jimeno Fernández

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Versión en Alemán

En los años ochenta los gobiernos liderados por Jordi Pujol se plantearon el objetivo de que Cataluña, por métodos pacíficos, llegara a ser una nación independiente del resto de España. Esto les llevó a utilizar los principales mecanismos de manipulación social para conseguirlo.

El ser humano, sea cual sea su nivel cultural, se rebela ante las injusticias y es capaz de reaccionar con firmeza y capacidad de sacrificio, pero es incapaz de mantener esa lucha durante muchos años, de superar la traición de sus líderes y de seguir luchando cuando la mayoría ya no lo hace, o cuando el problema ya no le afecta.

Conscientes de ello, los impulsores del proceso separatista de Cataluña, acordaron una estrategia basada en que éste debía ser un proceso muy lento, de más de veinte años, y que debía abarcar todos los sectores de la actividad humana. Es lo que se recoge en el llamado Programa 2000, iniciado en los años ochenta y que fue publicado en 1990 en el diario "El Periódico". La primera acción que realizaron fue imponer el uso exclusivo del catalán en la enseñanza, en todas las administraciones, en los medios de comunicación públicos, o subvencionados con fondos públicos, y animar a hacer lo mismo a todas las empresas de Cataluña. Una prueba de ello fue la ley de Normalización Lingüística de 1983.

Esto vino acompañado de la imposición de un cambio de estilo respecto a la forma de referirse a España y a todo lo español. Este cambio consistió en presentar a los gobiernos de España, tanto a los pasados como a los contemporáneos, como los grandes enemigos de Cataluña, de su economía, de su lengua y de su cultura; de no hacer ninguna referencia a nada positivo que pudieran hacer los españoles en ningún campo, sea político, social, económico, cultural o deportivo; de ridiculizar todo lo que es común a todos los españoles, como es la monarquía, la constitución, el ejército, la guardia civil, los trenes, las autopistas, la gestión de los puertos y aeropuertos, etc. Por ejemplo, en la información política se trataba de resaltar mucho más los acuerdos autonómicos que las leyes generales que están por encima, en la información deportiva se trataba de no decir que el ganador era español, pero sí destacar si era catalán, aunque hubiera quedado más abajo, en la información meteorológica se debían dar los datos de todas las poblaciones de los mal llamados países catalanes, pero no los de Aragón, aunque, por ejemplo, Alicante esté mucho más lejos de Cataluña que Huesca o Zaragoza, etc.

Se actuó sobre la lengua y sobre los sentimientos porque las diferencias entre dos naciones básicamente son estas: el tener una lengua diferente y un relato emocional de la historia distinto. Por ello, los separatistas se volcaron en estos dos aspectos, muchas veces desviando fondos inicialmente destinados a la sanidad, a la educación y a las infraestructuras.
Conseguir todo lo anterior no fue una tarea fácil, ya que en la mayoría de las familias catalanas hay personas procedentes del resto de España. Se consiguió gracias a que el proceso se desarrolló lentamente, incluso frenándolo temporalmente cuando las protestas eran muchas, y aplicando a la perfección el principio de "conformación con el grupo" de Asch, el de "obediencia a la autoridad" de Milgram, y el "método del golpe de Estado blando" de Sharp.

El principio de "conformidad con el grupo" fue propuesto por el psicólogo social Solomon Asch, tras realizar un experimento en el que a una persona se le mostraban tres líneas de longitud parecida y se le preguntaba cuál de ellas era la más larga, pero después de que otras personas, que en realidad eran actores, mayoritariamente se habían inclinado por la segunda línea en longitud. Asch comprobó que la influencia del grupo es tan grande, que bastantes personas no se atreven a enfrentarse al grupo para mantener su propio criterio, sino que tienden a aceptar la opinión del grupo e incluso llegan a utilizar las mismas palabras y los mismos planteamientos del grupo, para así ser plenamente aceptados. Es lo que actualmente se denomina ser políticamente correcto. En conclusión, que el miedo a ser reprobado por el grupo puede propiciar que el individuo no quiera ejercer su libertad de pensamiento, es decir que inconscientemente asuma que su personalidad quede anulada.

Como en Cataluña casi la mitad de la población es catalanohablante y con varias generaciones nacidas en Cataluña, la propuesta del nuevo gobierno de priorizar el catalán sobre el castellano y de sentirse víctima del resto de España, fue bien acogida por muchos de ellos y así se inició un proceso de envalentonamiento que los llevó a empoderarse de los ambientes sociales, laborales, educativos, mediáticos e incluso familiares. Bastaba con que una persona dijera que ella ya siempre hablaba y escribía en catalán, para ser bien aceptada. Y si, además, comentaba que todos los problemas de Cataluña se debían a la torpeza y mala fe del gobierno de Madrid, entonces ya se le abrían todas las puertas. El pensamiento del grupo organizado, como siempre sucede, se fue imponiendo. Algo que debería tenerse más en cuenta en las democracias, para evitar que los ciudadanos organizados aplasten a los no organizados.

El principio de "obediencia a la autoridad" fue propuesto por el psicólogo Stanley Milgram, después de realizar un experimento consistente en proponer a dos personas, que no se conocían entre ellas, participar en una prueba en la que una de ellas, por sorteo, sería el aprendiz e iría a una determinada habitación, en la que sería preguntado y en la que, si se equivocaba, recibiría una pequeña descarga eléctrica. La otra persona haría de maestro, estaría en otra habitación, en la que también estaría el psicólogo, y sería la que haría las preguntas y pulsaría el interruptor. En realidad el sorteo estaba apañado, el aprendiz era un actor y no recibía ninguna descarga, pero la persona que hacía de maestro no lo sabía. Cuando esta persona se apenaba del que hacía de aprendiz, porque fallaba muchas veces, y preguntaba al psicólogo si ya se podía acabar el experimento, el psicólogo siempre contestaba frases como "Siga, por favor", "El experimento precisa que usted siga", "Es absolutamente esencial que continúe", "Debe continuar", etc.; El experimento se repitió con muchas personas y el resultado fue que en el 65% de los casos el maestro obedecía y seguía enviando descargas, aunque éstas fueran muchas. La conclusión es que una proporción importante de las personas considera que lo correcto es hacer lo que les han dicho que hagan, es decir seguir las directrices del líder o de la mayoría, sin cuestionarse si éstas están bien o mal, y con más razón si, una vez consultado, se les ha respondido que lo sigan haciendo. Unas lo hacen porque están de acuerdo con que siempre se debe hacer lo que se dice desde arriba, y otras porque saben que desobedecer les puede comportar complicaciones.

El principio de "obediencia a la autoridad" explica que muchos separatistas no reaccionen contra planteamientos de sus líderes que claramente son una agresión a los derechos básicos de las personas. Por ejemplo, mantenerse firmes en: negar el derecho de los padres a que sus hijos, al empezar su escolarización, sean atendidos en su lengua materna, estar de acuerdo en continuar con unos medios de comunicación públicos de Cataluña en los que no se utiliza nunca el español y en los que no puedan participar, por igual, personas partidarias de que Cataluña siga siendo parte de España, parecerles bien que en los centros educativos haya símbolos y se haga propaganda de sus opciones políticas partidistas, que no se impida que los libros de texto contengan esos mismos planteamientos y que en ellos se propicie la aversión al resto de España, que continúe la normativa de multar a las empresas que rotulan sus productos solo en castellano, que no se establezca que todos los escritos de una comunidad con dos lenguas cooficiales deben estar redactados en las dos lenguas, incluidos los rótulos de las calles, etc.

El "método del golpe de Estado blando", ideado por el politólogo Gene Sharp, es un conjunto de técnicas no violentas, encaminadas a desestabilizar un gobierno, sin que se note que es la consecuencia de un plan. Se inicia difundiendo rumores de corrupción de determinados miembros del gobierno, denunciando en las redes que están favoreciendo a sus familiares y amigos, que no se preocupan suficientemente del país, y que están muy enfrentados entre ellos. Luego se les acusa de totalitarismo porque coartan la libertad de prensa y porque no respetan los derechos humanos de los más desfavorecidos. A continuación se moviliza a colectivos con algún problema, para organizar manifestaciones reivindicando mejoras sociales y exigiendo como solución, que el Gobierno delegue muchas de sus competencias en otras entidades. Se procura que estas manifestaciones sean lo más numerosas, molestas y duraderas posibles, y que se hagan ante los edificios gubernamentales, a la vez que, cínicamente, se pide que no intervengan la fuerzas de orden público, para evitar males peores.

Los gobiernos locales empiezan a hacer declaraciones de que no cumplirán tal o cual normativa, luego pasan a realmente no cumplirlas, después a hacer normativas que incumplen las leyes generales, posteriormente a no cumplir las sentencias de los tribunales, a la vez que se pide diálogo y se hacen declaraciones victimistas en foros internacionales. Se trata de evidenciar la incapacidad del Gobierno central para gobernar el país. A continuación se aumenta la presión en la calle con grandes concentraciones, a la vez que se difunde la idea de que la solución a todos los problemas simplemente pasa por la dimisión del presidente del Gobierno. Si intervienen las fuerzas de orden público, se hace una resistencia pasiva y las imágenes se envían al exterior, para desprestigiar aún más al Gobierno, con el objetivo de aislarlo internacionalmente. La ruina económica va creciendo con los meses y eso hace casi imposible que cualquier gobierno pueda resistir mucho tiempo.

El otro aspecto que se citó al principio de este escrito, para conseguir un cambio de mentalidad en la sociedad, es decir para manipularla, es la enorme frustración y paralización que sufre el ser humano cuando constata que aquellos, en quienes había depositado su confianza para que lo defendieran, utilizan dicha confianza para primero alzarse y luego pactar con sus agresores. Es lo que ha sucedido siempre con los gobiernos de España, fueran del PSOE o del PP. Ambos partidos siempre que han necesitado un puñado de diputados para mandar en el resto de España, no han dudado en pactar con los partidos nacionalistas, pese a que ello implicaba permitirles seguir con la exclusión del español y el adoctrinamiento ideológico partidista en sus comunidades. Ha sido un gran error que estos dos partidos no pactaran entre ellos, priorizando los intereses de su país, sobre los intereses de sus partidos. Es evidente que transición política no se hizo bien, al no quedarse el Estado con medidas que permitieran controlar lo que se enseña en todas las escuelas y que permitieran actuar contra los ataques a las libertades de los ciudadanos por parte de los poderes políticos locales. Hoy se ve que nuestra transición política no es un buen modelo para nadie.

Lo más importante del problema no es que un país se rompa, lo más importante es que surja un nuevo país en el que la mitad de los ciudadanos pasen a ser ciudadanos de segunda clase, sin derecho a hablar en su lengua, condenados a asumir el pensamiento único de su Gobierno, a convivir con delatores de su pensamientos, con unos medios de comunicación convertidos en medios de propaganda política, con un poder judicial obediente, con un tejido empresarial de adictos al Gobierno y con unos lugares de trabajo a los que siempre tendrán preferencia los otros, porque en un país pequeño, todos se conocen.

Para evitarlo hay que hacer justo lo contrario que ellos han hecho, hay que defender vivir en un país en el que nadie quiera imponer ni su lengua, ni sus ideas políticas al resto, en el que las escuelas sean políticamente neutrales, los medios de comunicación sean plurales en cuanto a lengua y planteamientos, y en el que todos sean considerados ciudadanos de primera clase. Esto es tanto mejor para todos, que es seguro que al final se conseguirá.

Antonio Jimeno Fernández
info@sociedadeslibres.com

 

 

 

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